sábado, 6 de mayo de 2023

LEYENDA DEL PICAFLOR

 LEYENDA DEL PICAFLOR

 Hace muchos años, en una lejana selva, había una pareja de picaflores: una hembra de plumaje verde esmeralda y un macho de plumas rojas como la llama del fuego. Sus nombres eran Ina y Lulo, y se habían enamorado a primera vista. Desde entonces, no se separaban nunca, y se dedicaban a recoger el néctar de las flores juntos, volando de un lado a otro de la selva.


 Ina y Lulo eran felices, pero habían oído hablar de una hermosa luna que aparecía en el cielo cada noche. Así que decidieron que querían verla con sus propios ojos. Sin embargo, no sabían cómo llegar hasta ella, ya que estaba muy lejos y el camino era peligroso. Pero estaban decididos a intentarlo, porque su amor era más fuerte que cualquier obstáculo.

Así que Ina y Lulo empezaron a investigar sobre la luna, preguntando a otros animales, consultando libros y observando el cielo por la noche. Descubrieron que la luna era el símbolo del amor eterno, y que muchos animales habían intentado verla antes que ellos, pero todos habían fracasado. Los más valientes habían subido hasta lo alto de las montañas, pero nunca habían llegado al cielo.


 

Ina y Lulo no se rindieron. Decidieron que harían todo lo posible para ver la luna. Así que empezaron a entrenarse, volando cada día un poco más alto, hasta que fueron capaces de volar por encima de las copas de los árboles. Pero eso no era suficiente, seguían estando muy lejos de la luna, la cual seguía siendo un obstáculo a superar. 


 

Lulo un día le propuso a Ina: “Hagamos esto juntos, construyamos una casa sobre una gran montaña, así podremos estar más cerca en las noches y viendo la hermosa luna.”

Ina aceptó la propuesta de Lulo y ambos construyeron una hermosa casita emplumada sobre una gran montaña, cada noche se encontraban ahí contemplando la hermosa luna. Su amor se volvió incluso más profundo. 


 

Pero no lograron ver la luna en todo su esplendor. Habían oído hablar de una leyenda antigua que decía que la luna era el reflejo del sol en el agua, y que si lograban juntar suficiente agua, podrían crear una luna propia. Así que decidieron que intentarían hacerlo.

Ina y Lulo se pusieron a trabajar desde temprano, buscando un lugar donde pudieran juntar una gran cantidad de agua. Encontraron una gran laguna en el corazón de la selva, y se pusieron a construir un gran recipiente para recoger agua. Juntaron toda el agua que pudieron, y la pusieron en el recipiente, dejándola al sol durante todo el día para que se evaporara y se convirtiera en vapor.


 

Al caer la noche, Ina y Lulo se pusieron a trabajar de nuevo. Con mucho esfuerzo y dedicación, lograron hacer una luna propia con el vapor de agua recogido en el recipiente. Cuando la vieron por primera vez, se emocionaron tanto que empezaron a cantar y a bailar a su alrededor. Era una luna hermosa, llena de vida y de amor.

Sin embargo, algo extraño sucedió. Cuando alzaron los ojos nuevamente al cielo, se dieron cuenta de que el sol estaba en el horizonte, a punto de salir. Su luna propia había desafiado al sol, quien mandó sus rayos para destruirla.

Ina y Lulo decidieron entonces luchar para retener a su amada luna, y así, como dos pequeños guerreros, empezaron a luchar contra los rayos del sol, cubriendo con sus alas a la luna mientras ella brillaba.

 


La luna reflejada en su pequeña laguna se volvió cada vez más brillante conforme el sol salía y los rayos de este se reflejaban en la bahía, al golpear de nueva cuenta los alados picaflores la luna se rompió en mil pedazos, esparciéndose por la bahía en pequeñas gotas de brillantez. Al haber luchado contra el sol en representación de su amor la luna relució con un brillo espectacular.

Y así fue como la historia de Ina y Lulo se convirtió en una leyenda para siempre. Los picaflores que desafiaron al sol por el amor de la luna. Desde entonces, todos los picaflores llevan los colores rojo y verde esmeralda, en honor a la valentía y el amor de Ina y Lulo, quienes, a pesar de todas las adversidades, nunca se rindieron en la búsqueda de su sueño y de su amor.  Y las noches de luna llena en la selva jamás volvieron a ser iguales, cada vez las gotas de luna siguen cayendo al reflejarse en la bahía recordando la valentía y el amor de dos pequeños picaflores quienes entregaron todo por su amor y su sueño

 

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